El arreglo personal

Es la primera manifestación visible de nuestra persona y la primera que será evaluada por quienes nos rodean. En la forma de presentarnos damos indicios sobre nuestra ocupación y nuestra posición social; la selección de diseños, texturas, colores y accesorios  también refleja nuestra personalidad y hasta nuestro estado de ánimo. Al iniciar la jornada nos preparamos para enfrentar las distintas alternativas de nuestro trabajo o de nuestra vida social y ponemos gran esmero en seleccionar una serie de elementos que van desde la vestimenta hasta el peinado. Cada día es un desafío para estar acordes con el lugar y la ocasión si queremos sentirnos seguros de dar una buena impresión.

Es cierto que además de la ocasión, el lugar y la hora, la elección del atuendo está determinada por diferentes factores; son importantes en gran medida, la edad, las características físicas, el grado de comodidad que ofrecen ciertas prendas, las exigencias del medio profesional y las condiciones ambientales. También  influyen motivaciones subjetivas que están presentes ante cualquier decisión: el deseo de llamar la atención o de pasar inadvertido, la rebeldía, las frustraciones, los complejos y el criterio estético que cada individuo se ha formado. Además, no solo cuenta el propio concepto de elegancia, también se considera la moda y la respuesta que obtendremos del entorno social, árbitro inevitable que puede aceptar o rechazar formas y colores.

Ante una gran variedad de opciones, la vestimenta es una elección especial y se convierte en una forma de expresarse. Como consecuencia, determina un estilo que distingue a las personas. Es un signo particular que nos diferencia a unos de otros a pesar de que nos arreglemos según la misma tendencia. Esa forma singular de mostrarse es el resultado de un aprendizaje que nos da la seguridad necesaria para elegir y tomar nuestras propias decisiones en lo que respecta a la apariencia. El estilo se logra cuando nos encontramos con nuestra propia esencia; es una manifestación de autenticidad y coherencia con nosotros mismos que mostramos a los demás sin reservas y con la plena conciencia de que seremos calificados pues sabemos que es lo primero que se evaluará de nuestra imagen personal.

¿De qué manera resolver favorablemente nuestra apariencia? El primer paso será observarnos en el espejo con una mirada crítica y honesta. Qué nos queda bien, cuáles son los colores que nos favorecen, qué cosas disimulan nuestros defectos y cuáles son las que destacan lo mejor que tenemos. Si no es suficiente lo que allí vemos, es bueno recordar que no hay espejo más elocuente que la mirada de los otros; el juicio de los demás suele ser inapelable, pero es la mejor guía porque hacia ellos proyectamos nuestra imagen.



 


Volver Volver | Subir Subir | Imprimir [Imprimir] |

C o m u n i c a r  I m a g e n