Ceremonial y Protocolo: ¿De qué estamos hablando?

Para vivir en sociedad es necesario que el hombre acepte y cumpla ciertas reglas y principios que ordenan y permiten la convivencia. Las primeras muestras de orden en todos los grupos son la escala de jerarquías que se establece -dentro de la esfera familiar y fuera de ella- y el sistema de relaciones entre los miembros de la comunidad. Por eso se observan ciertas formas exteriores, rituales o ceremonias, que representan ese ordenamiento de la vida en sociedad; son pautas de conducta que se aprenden en la infancia, pues cada grupo transmite la manera de proceder que considera correcta para la interacción con sus semejantes. Esas prácticas diarias que se inician con la forma de saludar y de presentarse ante las personas mayores, muestran la manera de considerar y distinguir las jerarquías, forman parte de la educación y se aprenden en contacto con la familia y luego en la escuela. Suelen reconocerse como buenos modales, reglas de urbanidad o de cortesía; y es precisamente la cortesía, la que debe animar estas conductas destinadas a la buena convivencia. Ese sentimiento de respeto y consideración a los demás debe estar presente detrás de cualquier gesto amable para que sea legítimo y no se convierta solamente en una forma de quedar bien.

Pero, cuando la aplicación de estas reglas trasciende los pequeños círculos, la complejidad de las relaciones humanas requiere un ordenamiento sistematizado. Además de la urbanidad, de los buenos modales y de la cortesía, el orden que regula las relaciones en distintas circunstancias de la vida comunitaria es competencia del Ceremonial. Se suele hablar de Ceremonial y de Protocolo sin diferenciar el significado de estos términos; se usan en el lenguaje común como si fueran sinónimos y de alguna manera son equivalentes; sin embargo, la mayoría de los autores contemporáneos coincide en entender por Ceremonial todo lo relacionado con el uso y la práctica de las ceremonias; un conjunto de formalidades que se cumplen en cualquier acto público y solemne. Son actos exteriores que responden a leyes, estatutos o costumbres para dar culto a las cosas divinas o reverencia y honor a las profanas. En tanto que Protocolo son las normas de procedimiento que se aplican en el desarrollo de actos y ceremonias con el fin de satisfacer esas exigencias ceremoniales establecidas por la costumbre o la necesidad. El Protocolo, entonces, es la forma de aplicar el Ceremonial según las características particulares de cada evento. De esta forma, el Ceremonial es poner en práctica el orden necesario para interactuar mediante algunas normas escritas y otras convenciones que se mantienen por tradición y que están inspiradas en la cortesía que debe caracterizar la vida de una sociedad civilizada. Esas convenciones son acuerdos que orientan la conducta y fijan una forma de actuar ante determinadas situaciones para facilitar la vida en común y favorecer las relaciones con los demás en los asuntos de la vida cotidiana.



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